Daniel Monzón, Padrino Tabú 2025: “Sin pasión no vale la pena hacer cine”
El director presenta su mirada en La Mirada Tabú 2025 como Padrino del Festival

– “Las leyes de la frontera” tiene mucho de película coming of age. ¿Por qué nos gustan tanto las historias de paso a la madurez?
Porque todos nosotros hemos pasado por ese tránsito que ha marcado profundamente nuestras vidas. Son historias que nos recuerdan quiénes éramos, cuáles eran nuestros sueños, con qué ímpetu los perseguíamos… fue un momento clave que todos reconocemos y que nos traslada a un periodo de vitalidad exultante, emocionante de evocar…
– ¿Cómo afrontas el reto de adaptar una novela de un autor tan reconocido como Javier Cercas?
La novela se me metió dentro desde la primera lectura, la hice a lo largo de una noche y sin parón. Al cerrar el libro sabía que tenía que llevarla a la pantalla, no había alternativa, tenía que conseguir los derechos, convencer a Javier Cercas y hacerla. Afortunadamente, Javier no solo es una gran escritor, es una persona muy generosa e inteligente. Desde el primer momento me dejó completa libertad para tomar la novela como una partitura, interpretarla y hacerla también mía. Como él dice, cada lector hace su propia novela en su lectura y por ello dejó que Jorge Guerricaechevarría, mi coguionista, y yo trabajáramos en la adaptación sin ninguna presión. “Yo no tuve a nadie” -me decía- “mirando por encima del hombro mientras escribía” y quiso que nos embarcáramos en nuestra adaptación con la misma tranquilidad creativa que él tuvo al escribirla.
– La película tiene ecos del llamado “cine quinqui”. ¿Es un subgénero en peligro de extinción?
El llamado “cine quinqui” es al cine ibérico lo que el western al cine norteamericano, de alguna forma los quinquis son nuestros “forajidos de leyenda”. No sé si el subgénero está en peligro de extinción pero sí que en su día supuso una explosión que puso en solfa las bondades de la transición al mismo tiempo que ofrecía a los espectadores un cine con un brío digno de las películas de acción americanas de los 70, de ahí su éxito, aunque con otro estilo: seco, crudo y hasta cutre, pero no menos excitante que “The French Connection”.
– ¿Qué supone ver tu trabajo en una plataforma como Netflix?
Yo siempre hago las películas pensando en la sala de cine, ruedo y hago uso del lenguaje pensando en ello, en el poderío de la pantalla grande, la oscuridad de la sala, la magia del ritual de compartir una historia con un grupo de desconocidos… Pero una vez superado ese período, siempre fugaz, en que la película puede ser degustada en una sala, no hay nada mejor que la posibilidad de que millones de espectadores de todo el mundo puedan disponer de ella y disfrutarla donde les plazca, en un televisor, en una tablet, en un smartphone… Cada cual con sus gustos… En Netflix fue un éxito extraordinario, semanas consecutivas encabezando el top ten en España pero también ocupando los primeros puestos del ranking internacional. Sentir que tantos espectadores de las latitudes más dispares se entregaban en cascada a ver la película es una de las razones por las que uno hace cine, para llegar a la gente, comunicarse con el público más numeroso y diferente posible…
– ¿Qué ecos tabú hay en su cine?
Quizá todas mis películas comparten algo bastante tabú: la querencia por los personajes que, de una o de otra forma, se posicionan al otro lado de la ley, al margen de lo establecido, en contra de lo normativo… Si hablamos concretamente de “Las leyes de la frontera” hay también en ella un acercamiento a un tabú amoroso que no voy a desvelar aquí, pero que menciono para azuzar la curiosidad de quien no la haya visto o leído…
– La mirada tabú es un festival muy cinéfilo, este año homenajea a Pere Portabella, Carlos Saura, Luis Buñuel, Agnes Varda… Como crítico e investigador, qué aportan estas miradas al cine? Cuáles son tus directores tabú favoritos?
Los cuatro homenajeados son perfectos para discutir sobre lo tabú en el cine, Portabella desde un planteamiento formal y estético, Saura desde uno más político y alegórico, Buñuel desde lo profano, lo mundano y por qué no, también lo filosófico, Vardà desde una vena ácrata y libertaria… Buñuel sin duda es uno de mis directores tabú favoritos, algunas de las imágenes más rompedoras e inolvidables de la historia del cine proceden de títulos como “El perro andaluz”, “Los olvidados”, “Ensayo de un crimen”, “Él”, “Viridiana”, “Simón del desierto”, “El discreto encanto de la burguesía”… son tanto los momentos, las ideas alumbradas por él que se me han quedado agarradas como lapas en el cerebro… aún recuerdo cuando vi de joven “El ángel exterminador” en una sala abarrotada y la sensación de que ninguno de nosotros iba a poder abandonarla nunca, tal era la fuerza de la insólita propuesta de la película…
– ¿Un consejo para quienes se inician hoy en el cine?
Que antepongan a todo la pasión. Sin pasión no vale la pena hacer cine. – Este es un festival de cortometrajes. ¿Qué suma este formato al cine actual?
Al cine actual y al de siempre. El cortometraje es tan importante para el cine como el cuento lo es para la literatura. Hay ideas magistrales para novelas, y otras cuyo formato es el cuento, Chejov, Maupassant, Carver… son escritores mayúsculos en ese formato breve, e igualmente hay cineastas que deslumbran desde lo corto, por citar los primeros que me viene a la mente: Tex Avery, Raoul Servais, Chris Marker, Jonas Mekas, Albert Lamorisse, Jan Svankmajer… ¡Larga vida al buen corto!
